Gres, roble y lino, hechos en series cortas por cuatro talleres que visitamos dos veces al año. Nada sale a la venta sin haberlo usado en casa una temporada.
No tenemos horno propio. Trabajamos con cuatro talleres familiares que llevan en esto mucho más que nosotros — dos en Portugal, uno en Galicia y uno en el País Vasco — y les pagamos antes de que las piezas se vendan, no después.
Dos veces al año vamos y nos quedamos una semana. Ahí se decide la siguiente temporada, casi siempre durante la comida y casi siempre por alguien que tornea desde antes de que nosotros naciéramos.
Entre 60 y 200 unidades de cada pieza. Cuando una serie se agota esperamos a la siguiente hornada en vez de correr con otra.
¿Se desportilló una tapa? Devuélvela. Reparamos o cambiamos solo esa pieza, mientras sigamos fabricándola.
Pulpa de papel moldeada, cinta de papel y una caja que va directa al reciclaje.